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La “suerte” del principiante

El mes pasado retomé mi entrenamientos de tenis después de un fructífero descanso de verano.

Mis expectativas no eran altas, ya que llevaba varias semanas sin entrenar. Comencé relajado y disfrutando el golpe y la vuelta a a las pistas. Todo fluía, la bola iba donde yo quería y el golpe me resultaba placentero. No dejaba de ver con cierta sorpresa lo bien que iba todo.

Tomé conciencia de mi cuerpo y sentí que estaba muy relajado. Mi mente estaba tranquila, sólo pensaba en jugar y en disfrutar.

¿En qué otra cosa podría pensar en esos momentos?

Pues en muchas, y es precisamente eso lo que en otras ocasiones me ha distraído, metido presión, agarrotado o hecho que no disfrutara en un entrenamiento.

Pero ese día no apareció nada de eso y lo agradecí. Me pregunté a qué se debía esta “suerte del principiante” y enseguida hallé la respuesta:

no hay interferencias hoy.

¿Qué son las interferencias? Son precisamente esas cosas que nos dice una “voz interior” y que nos distrae, mete presión y tensa, no permitiéndonos disfrutar ni rendir al máximo.

¿Encuentras algún paralelismo con la vuelta de tus vacaciones? Hay algo que al principio te haya resultado mucho más fácil, lo hayas hecho de forma fluida y disfrutando y que a estas alturas – un mes después – no te resulte tan fácil ni agradable como al principio?

Podríamos estar hablando de dirigir una reunión con tu equipo, relacionarte con tus compañeros de trabajo o tu familia, abordar ese reto profesional que te habías propuesto, comenzar esa formación que tantos beneficios te podría reportar…o, ¿por qué no? , practicar tu deporte favorito.

Tim Gallwey, autor del libro “El Juego Interior del Tenis”, se refiere a esa voz interior que nos limita a la hora de llevar a cabo una actividad como “YO1”. Representa la duda, nuestras inseguridades, nuestros miedos, nuestra crítica interna.

En contraposición, existe el “YO2” que representa nuestro potencial, nuestro auténtico yo que es capaz de mucho más de lo que nos podemos imaginar.

Cuando vuelvo de vacaciones mi “YO2” no tiene interferencias del “YO1”, simplemente quiere jugar y disfrutar como él sabe.

Los golpes están interiorizados en mi cuerpo, mi cerebro tiene las conexiones neuronales necesarias para llevar a cabo un golpe de tenis con precisión.

Todo saldrá bien salvo que aparezca “YO” 1 diciendo: no estoy seguro de que te vaya a salir bien, ya verás lo que te cuesta recuperar el golpe, no te sale como hace un par de semanas…”

¿Y que efecto tiene el “Yo1” sobre mi?

Crea tensión, me agarrota, mi mente pierde la calma y como resultado no me sale lo que pretendo o me sale mucho peor.

¿Cuáles son tus interferencias? ¿Ha variado tu rendimiento o tu forma de disfrutar en aquello que te habías propuesto? Seguro que reconoces alguna situación donde “Yo1” haya campado a sus anchas.

El segundo día de entrenamiento fue distinto. Aparecieron las interferencias y en este caso me decían: tienes que hacerlo igual de bien que el primer día. El encanto se rompió . “YO1” me presionaba  para que lo hiciera  igual que el otro día y mi cuerpo se tensó, siendo incapaz de rendir de la misma forma.

La buena noticia es que existen formas de volver al “YO2” y permitir que mi golpe o la actividad que me proponga vuelva a fluir y sobre todo vuelva a disfrutar al máximo con ella.

Todo se entrena, basta con empezar ser consciente de lo que te dice tu “YO1”, el responsable de producir esas interferencias.

Te animo a leer el “Juego Interior del Tenis “ y a experimentar por ti mismo cómo eres capaz de sacar tu “YO2” – tu máximo potencial – a relucir .

¡Repite y vencerás!

Empieza el año con nuevos propósitos y nuevas metas ilusionares que cumplir.

Por otro lado quizá pese sobre algunos de nosotros la experiencia de no haber alcanzado alguna meta de las que nos propusimos en anteriores ocasiones. Esto nos podría desanimar.

Quiero fijarme hoy en un factor clave a la hora de lograr cambiar un hábito o lograr un propósito: la repetición.

En el tenis, si yo decido cambiar mi golpe de derecha con el fin de mejorar mi técnica, y por tanto mis resultados en el juego, lo primero que tendré que hacer es tener claro cómo quiero que sea ese nuevo golpe de derecha.

Una vez que lo tenga claro, lo siguiente será empezar a practicarlo, idealmente con alguien que me dé feedback sobre mi nuevo golpe. Lo más probable es que necesite algún tiempo (la cantidad depende de muchos factores) para que ese nuevo golpe quede incorporado a mi repertorio de juego de forma permanente.

Al principio del proceso seré capaz de dar el golpe de vez en cuando, pero el “golpe antiguo” reaparecerá de forma intermitente. En algún momento pensaré que ya sé dar el golpe, pero bajo presión, estando cansado, o simplemente estando distraído, mi nuevo golpe puede dar paso al antiguo.

Lo cierto es que a fuerza de practicar, poco a poco, el golpe va saliendo de forma más natural.

Un profesor de tenis americano, buen amigo mío, solía decir a sus alumnos: “Qué tres cosas son las más importantes para mejorar nuestro nivel de tenis”? Escuchaba las respuestas de los alumnos y luego declaraba: “practicar, practicar y practicar”.

Al principio sentimos que el nuevo golpe es “raro”, no nos resulta natural, llegamos incluso a pensar que no está bien, ya que no es lo que conocemos. Este será un buen síntoma, el golpe está empezando a cambiar. Pronto percibirás como algo natural lo que al principio te resultaba incómodo. Habrás logrado que ese nuevo golpe “sea tuyo” quedando automatizado.

¿Encuentras algún paralelismo con lo que te ocurre en tu vida cuando te propones cambiar algo o te propones un nuevo hábito?

La Neurociencia aporta una explicación al hecho de que la repetición produzca los resultados deseados. Hasta que no se establecen las conexiones neuronales en nuestro cerebro, un pensamiento o comportamiento no quedará automatizado.

Nuestra naturaleza sigue la ley del mínimo esfuerzo, es decir, no quiere gastar energía en pensar cada vez cómo vamos a hacer una cosa. “El golpe de derecha antiguo” no requiere ningún esfuerzo mental por nuestra parte, sale “solo”.

Ante un estímulo – el oponente dirige la pelota hacia mi derecha – yo respondo golpeando con mi golpe de derecha sin tener que pensar. Sólo si quiero hacerlo de otra forma tendré que prestar atención y entrenarlo de forma consciente para cambiarlo.

Encontramos muchas fuentes que sostienen la idea de que necesitamos 21 días para cambiar un hábito. Independientemente de la precisión de este dato, lo que sí está claro es que necesitamos hacer algo de forma sostenida durante un cierto tiempo para que cambie. Una vez transcurrido ese periodo, lo haremos de forma automática y con menos esfuerzo.

Marta Romo, en su libro “Entrena tu Cerebro”, nos habla de la neuroplasticidad del cerebro entendida como “la capacidad del cerebro de aumentar o disminuir el número de ramificaciones neuronales y de sinapsis (unión entre neuronas) , a partir de un estímulo. Nos da la buena noticia de que los adultos también podemos aprender y desarrollar nuestro cerebro en contra de la antigua idea de que su capacidad quedaba determinada genéticamente.

Nuevos estímulos crearán nuevas respuestas y estas serán producidas automáticamente por nuestro cerebro gracias a la creación de nuevas conexiones neuronales. En su libro, Marta establece el símil de las conexiones neuronales con los surcos creados por una rueda en un camino. Estos se harán más profundos cuanto más veces transite el vehículo por el camino. Lo mismo ocurre con nuestras conexiones neuronales, cuanto más se repita el estimulo y la respuesta mejor quedará fijada esa conexión. De ahí la importancia de la repetición.

Ahora ya sólo queda ponerte manos a la obra. Te propongo estos sencillos pasos:

1. Define la meta que quieres alcanzar asegurándote de que te motiva de verdad.

2. Define en un plan qué acciones vas a llevar a cabo para alcanzarla.

3. Escribe una afirmación donde verbalices quién eres y lo que quieres conseguir incluyendo algún valor tuyo (p.e.: “Soy Juan, creativo y apasionado y voy a escribir un artículo sobre los temas que más me gustan una vez a la semana.”). Repite esta afirmación varias veces al día.

4. Utiliza la tecnología para que te recuerde tu plan y tu afirmación de forma atractiva (notas de voz, alarmas, videos, música, etc.)

5. Establece indicadores que te permitan saber que vas por buen camino.

6. Pide a alguien de tu entorno de que te de feedback sincero sobre tus progresos.

7. Celebra los éxitos que vayas consiguiendo y compártelo con tu familia y amigos.

8. Disfruta del camino “practicando, practicando, practicando”.

!Te deseo mucho éxito en todo aquello que te propongas cambiar en 2018!

“Fluir, aquél preciado estado.”

El otro día jugando al tenis con un amigo experimenté la sensación de que el tiempo se había parado, de que mi mente estaba tranquila y de que mi cuerpo golpearía la pelota de la forma más apropiada según las demandas del juego, todo ello con una sensación de intenso disfrute derivado del hecho de golpear una pelota de la forma que yo quiero…

El tanteo del partido quedaba en segundo plano, ya que en “cuerpo y alma” estaba entregado a la actividad que me ocupaba…

No siempre consigo jugar de esta forma aunque me encantaría. Elsa Punset, en su libro “Brújula para Navegantes Emocionales” , se refiere a este estado como “flow”(fluir) y lo sitúa en primer lugar dentro de una lista de 11 recomendaciones para fomentar las emociones positivas.

El concepto “flow” fue acuñado por el psicólogo estadounidense Mihaly Csikszentmihalyi y plasmado en su libro “Fluir, una psicología de la felicidad”. Este autor describe de forma detallada lo que ocurre cuando tenemos una experiencia de “flow”. Resumo a continuación las características de este estado ilustrándolo con mi propia experiencia jugando al tenis:

1. “Tener muy claro el objetivo.”

Mi objetivo durante el partido era desplegar mi mejor tenis y utilizar una determinada estrategia de juego (conocía bien a mi oponente). Contaba además con un plan de contingencia por si las cosas no salían como yo había previsto.

2. “Una concentración intensa en un campo de acción limitado.”

Mi atención y energía se concentró en la pista de tenis y en mi juego, no había otros pensamientos que me “sacaran de la pista de tenis”.

3. “Pérdida de la autoconsciencia, fusión de acción y consciencia.

Es cierto que durante el “flow” no estaba pensando en nada concreto ni analizando la situación, simplemente estaba actuando y disfrutando. “

4. “Una noción del tiempo distorsionada.”

No estaba pendiente del tiempo y en algún momento tampoco estuve pendiente del marcador, ya que todo esto pasaba a un segundo plano. Tampoco tenía prisa ni sentía ansiedad por ganar el partido o acabarlo.

5. “Una retroalimentación directa e inmediata. Captamos éxitos y fracasos durante el curso de la actividad y nuestro comportamiento se ajusta a medida que se producen.”

Durante el partido un golpe bien dado me daba seguridad y la posibilidad de repetirlo o mejorarlo y un golpe mal dado me permitía que el siguiente lo superara, todo lo hacía de forma espontánea. Sin juicios, en un estado emocional equilibrado.

6. “Mantener el equilibrio entre la habilidad y el reto.”

Mi oponente tenía un nivel parecido al mío, sentía que mi habilidad jugando al tenis era suficiente para hacerle frente”.

7. “Sentir que se controla la situación o actividad.”

Jugaba con plena confianza, sentía que respondería de forma efectiva a su saque o a cualquier golpe. Si fallaba no me afectaba, aprendía de cara al siguiente golpe.

8. “La actividad es intrínsecamente gratificante, por lo que la acción para realizarla es fluida.”

Por mi cabeza pasaban pensamientos como “me divierte el partido”, “disfruto golpeando la pelota y retando al contrario en cada punto”.

9. “En estado de “flow” la acción se lleva a cabo sin esfuerzo y nuestro foco de consciencia se reduce únicamente a la actividad.”

Ciertamente, jugando en estado de “flow” no consideraba que estuviera haciendo un esfuerzo aunque la actividad física estuviese presente. Disfrutando y con plena consciencia en el juego, no sentía ningún esfuerzo (el cansancio lo noté realmente una vez finalizado el partido).

Tim Gallwey por otro lado, en su libro “El Juego Interior del Tenis” se refiere a este mismo fenómeno como “estar en la zona” y dice que no se puede buscar, que llega de forma espontánea. Lo único que puedes hacer es “poner foco” y dejarte llevar dejando a un lado aquellos pensamientos propios que quieren “controlar” la situación (el llama “Yo1” a estos pensamientos) y por tanto no te permiten fluir.

Creo que cada uno puede encontrar su propia receta para llegar a este estado de “fluir”. Te animo a que lo investigues , si no lo has hecho ya , para encontrar la forma de llegar este preciado estado.

¿En qué ocasiones fluyes? ¿Hay algo que te lo impide? ¿Qué beneficios podría tener para tí?

Evolucionar por mí mismo

Nos esforzamos por aprender trucos, recetas, nuevas formas de hacer las cosas, pedimos consejo y a veces nos desesperamos porque no conseguimos cambiar algo, cuando contamos con una poderosa herramienta para modificar nuestro comportamiento y lograr nuestros objetivos: la CONSCIENCIA.

Y a qué me refiero con consciencia?  A nuestra capacidad para poner la atención de nuestra mente en algo concreto, bien sea una actividad, un pensamiento, una emoción o cualquier otra cosa que esté sucediendo dentro o fuera de nosotros.

Para ilustrar el poder de la consciencia voy a poner como ejemplo dos situaciones que he vivido recientemente:

Durante una sesión de entrenamiento con uno de mis alumnos de tenis observé que su cuerpo hacía un extraño movimiento al golpear de revés. En lugar de decirle que no rotara el cuerpo a la hora de golpear la bola (resulta mucho menos efectivo que concentrar todo el movimiento en el brazo), le sugerí que durante los siguientes cinco minutos observara qué hacía su tronco al golpear la pelota.

Al cabo de un minuto pude observar que su forma de golpear ya había cambiado. Poco a poco, él mismo se fue dando cuenta de que era «inútil» ese sobreesfuerzo para mover el tronco y que además centrando la mayor parte del movimiento en el brazo la pelota salía despedida con mayor fuerza y se cansaba menos.

Este alumno me dijo extrañado una vez acabada la prueba de cinco minutos:   «Parece increíble, y por qué no se me ha ocurrido esto a mí antes»?

Le contesté que muchas veces necesitamos a alguien para que «nos haga de espejo» y nos ayude a poner consciencia en algún aspecto en el que no hemos reparado, pero que una vez que ponemos consciencia somos nosotros mismos los que somos capaces de avanzar de una forma sorprendente.

El segundo ejemplo está relacionado con una de mis sesiones de coaching ejecutivo en una empresa multinacional. Mi cliente mostró ser una persona muy habladora desde el principio, tanto, que apenas permitía que yo hablara. De hecho, uno de sus retos era lograr que las personas le entendieran mejor, ya que según él, y las personas que le conocían mejor, era tan rápido que a los compañeros de trabajo les costaba seguirle.

Al cabo de un rato le pregunté:   ¿Ahora mismo a qué velocidad estás hablando? (mi percepción era que iba bastante deprisa). Por un momento mi cliente paró de hablar y dijo: «Para mí ahora mismo voy lento, pero seguro que otros pensarían que voy rápido.  Sin más pasamos a otros temas, pero algo cambió durante la sesión a partir de ese momento. El coachee había tomado consciencia de su velocidad de habla y por el simple hecho de observarse a sí mismo hablando fue ajustando esa velocidad hasta lograr una conversación más pausada, más apropiada para el momento que estaba viviendo.

En muchas ocasiones damos consejos a los demás diciéndoles lo que según nuestro criterio deberían hacer. Algunos se lo tomarán bien, otros se mostrarán indiferentes y a otros les molestará porque sentirán que les estamos diciendo lo que tienen que hacer. ¿Qué tal si probáramos a lanzar una pregunta que invite a  la reflexión y a tomar consciencia de lo que está pasando en vez de dar un consejo? La pregunta podría ser del tipo: ¿Te has fijado en la reacción de tu hijo cuando le dices tal o cual cosa? ¿Has observado la reacción de tu equipo cuando comienzas la reunión de los lunes exigiendo?

A menudo podemos estar actuando de forma «inapropiada» o «poco eficiente» sin que nos estemos dando cuenta. Y muchas de esas veces podremos ponerle solución con el simple hecho de observar lo que está pasando, es decir, siendo más conscientes. A partir de ahí, cambiar será mucho más sencillo y natural.

Si aumentas la conciencia, los cambios en tu vida vienen solos” (así tituló el periódico la Vanguardia una entrevista realizada al biólogo molecular y promotor de “mindulness” en Occidente Jon Kabat-Zinn).

¿Te atreves a cambiar? ¿Cómo de consciente eres de cómo actúas en las situaciones que quieres cambiar? ¿Cómo evolucionas una vez que has tomado consciencia de cómo actúas?

 

¡Prepárate para ganar!

¿Qué es ganar?

Para mí ganar o tener éxito en una actividad es llevarla a cabo de forma plenamente consciente y desplegando todo mi potencial, además de disfrutar de lo que estoy haciendo independientemente del resultado observable.

En circunstancias normales parece que ganar según esta definición puede resultar fácil, pero qué ocurre cuando quiero ganar cuando existe una mayor presión, bien sea externa o interna?

Todos hemos vivido seguramente una de estas situaciones: la entrevista final para el puesto de trabajo de mis sueños, el examen de oposición que he preparado con tanto esfuerzo, o una presentación frente a un público que me impone mucho respeto.

En mayor o menor medida habremos sentido miedo, nervios o como queramos describir esa sensación de inquietud previa a la situación a la que nos vamos a enfrentar.

Puede ser más o menos desagradable, pero lo que no cabe la menor duda, es que si no “me hago dueño” de la situación mi capacidad de pensar y actuar se verá afectada negativamente pudiendo ocurrir que no “gane” y mucho menos alcance un buen resultado observable.

En el mundo del deporte y concretamente en el tenis, los jugadores se enfrentan continuamente a situaciones como las descritas anteriormente, por ejemplo en los momentos previos a jugar un partido en el que esté en juego algo importante para el tenista.

Brad Gilbert , ex jugador de tenis y entrenador del que fuera número uno en el Ranking ATP, Andre Agassi , entre otros muchos, nos da su receta para “hacerse dueño” de sí mismo en los momentos previos a un partido en su libro “Winning Ugly”.

Aplicado a nuestra vida, esta misma receta nos podría ayudar a salir airosos de muchas situaciones de “nervios”.

Brad nos habla de una rutina de 4 pasos:

  1. Respira profundamente
  2. “Mueve los pies (happy feet)”
  3. Mira la marca de la pelota
  4. Canta

Respira:

Cuando estamos nerviosos o tenemos miedo, nuestra respiración se altera acelerándose. Fisiológicamente, nuestro cuerpo se está preparando para una situación de peligro. Al respirar hondo y de forma pausada, le estamos transmitiendo a nuestro cuerpo un mensaje de tranquilidad que contribuirá a calmar nuestra mente. No es de extrañar que este recurso sea la base de un gran número de técnicas de relajación.

“Mueve los pies”:

Una de las respuestas de nuestro cuerpo frente al miedo es quedarse paralizado. En el tenis el miedo a fallar hace que “se encoja el brazo”, es decir, ya no se moverá con la misma soltura y fuerza que cuando estamos tranquilos. Si activamos nuestro cuerpo obligándonos a mover de forma ágil los pies, saldremos de esa “parálisis” y reforzaremos el mensaje de que todo está en orden.

Nos habla pues de mover nuestro cuerpo, puede ser caminar, levantar la cabeza, adoptar un postura en la que nos “sintamos más capaces” de emprender la acción que nos disponemos a llevar a cabo.

En una entrevista puedo prestar atención a mi postura cuando me siento, en una presentación puedo moverme despacio de lado a lado en la sala, por citar algún ejemplo.

Tu cuerpo te puede llevar a un estado emocional distinto, ya que existe una conexión entre cuerpo, mente y emoción.

Fíjate en la marca de la pelota:

A pesar de todo lo que hemos hecho hasta el momento, es posible que nuestra mente nos siga jugando malas pasadas, haciendo incursiones al futuro e imaginando todo lo que podría pasar, bueno o malo. El caso es que me sacará del momento presente impidiendo mi total concentración en el juego.

Por tanto me fijaré durante un tiempo en la marca de la pelota según viene volando hacia mí. Esto exige una gran concentración, ya que la bola suele ir girando en el aire y no es fácil ver la marca grabada sobre ella. La ventaja es que mientras pienso en ver la marca no pienso en lo que podría ocurrir en el futuro y me centro en el juego.

Escucha lo que está preguntando el que te entrevista y trata de percibir cómo se siente, fíjate en el publico durante una presentación en vez de tratar de imaginar lo que estarán pensando de ti y dirígete a ellos con curiosidad, pon el foco en definitiva en algún aspecto externo que puedas observar. La clave es que tu mente no puede poner el foco en dos cosas a la vez.

Canta:

Aunque pueda sonar extraño, cantar también puede ser un recurso para calmar los nervios, ya que produce un estado emocional que nos puede favorecer. Obviamente dependerá de qué estemos haciendo, no siempre será posible y en cualquier caso, será un canto para nosotros mismos, interno. Nuevamente el cuerpo, en este caso la voz, puede llevarnos a un estado emocional más apropiado para jugar   (pasar de miedo a la alegría , por ejemplo).

Hasta aquí los “ trucos” que le han funcionado a Brad Gilbert.

Puede que uno o alguno te funcionen o puedes buscar otros que te funcionen a ti, pero la clave es que puedes hacer algo para reducir el nivel de nervios y por tanto potenciar tu rendimiento y “ganar”.

Los tenistas tienen buenos y malos días, pero pueden llegar a “ganar” aunque el resultado observable (2-6, 3-6 en el marcador) no hable de victoria.

Habiendo desplegado su mejor juego, si el contrincante obtiene la victoria podrá seguir hablando de que “ha ganado” de cara a si mismo.

Te animo a probar y encontrar tu propia receta para “ganar” .

 

 

 

¿»Controlas o no controlas»? Gestiona mejor tu estrés.

¿Sientes a veces que «no llegas», te sientes desbordado, te gustaría liberarte de la tensión para poder realizar mejor la tarea que te planteas o simplemente para estar más tranquilo, o disfrutar más teniendo la sensación de que “controlas la situación?»

El Diccionario de la Real Academia Española define el estrés de la siguiente forma:

“Tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves.“

Lo que ocurre es que nosotros observamos cualquier situación y la interpretamos a nuestra manera. Cada uno de una forma distinta. La buena noticia es que puedo influir en la forma en que interpreto la situación en beneficio propio.

Tan nocivo es para nuestro bienestar y equilibrio personal el hecho de no asumir la responsabilidad que me toca como el asumir demasiada. Y es esta última la que puede generar un estrés excesivo.

Un alumno de tenis llegó el otro día totalmente abatido porque le habían puesto una mala nota en lengua. Se sentía preocupado e impotente porque no sabía como abordar la situación, ya que según él, la profesora le había tratado injustamente. Además no entendía sus criterios de corrección. No era la primera vez que le ocurría, ya había experimentado esta misma sensación de fracaso en otras ocasiones debido principalmente a sus faltas de ortografía. “Para colmo”, me dijo, “fui al examen sin reloj y cuando dijeron que faltaban quince minutos en realidad faltaban cinco y no pude acabar el examen”.

Viendo lo estresado que estaba el alumno – incluso al golpear la bola se notaba como trataba de liberar tensión – le plantee tres sencillas preguntas encaminadas a gestionar el estrés que recordaba del libro “El Juego interior del Estrés” (Timothy Gallwey):

¿Qué es lo que no controlas de esta situación?

No controlo la opinión que tiene la profesora de mí.

No controlo los criterios de corrección de la profesora.

No controlo el suspenso que ya me han puesto.

No controlo “mi voz interna que me dice que no voy a aprobar nunca”.

No controlo cómo me siento de mal por haber fracasado de nuevo en lengua.

¿Qué es lo que estoy intentando controlar?

Estoy intentando controlar mi enfado.

Estoy intentando controlar mi desánimo.

Estoy intentando controlar mis pensamientos acerca de lo que debería hacer.

¿Qué podría controlar que ahora no estoy controlando?

Podría llevar un reloj al examen para gestionar mejor el tiempo.

Podría hablar con mi tutora para solicitar ayuda y hacer un plan de trabajo.

Podría estudiar de forma regular la asignatura para estar mejor preparado para el examen.

Podría hacer ejercicios específicos de ortografía todos los días.

Podría dejar de criticarme y ponerme manos a la obra.

Podría aceptar la situación y tranquilizarme.

Podría pensar que soy capaz de aprobar, igual que lo hago con otras asignaturas.

 

El gesto de la cara de mi alumno cambió cuando se percató de todo lo que podía hacer para mejorar su situación sin depender de nada ni nadie.

Más tarde, durante la clase, hubo un momento en el que se quejó de que las bolas que le lanzaba no le “resultaban cómodas”, pretendiendo justificar así algún error en su golpeo.

Le pregunté:

¿Qué puedes controlar que hasta ahora no estás controlando? Se quedó un momento pensativo y respondió:

Puedo estar más atento para “leer la trayectoria de la pelota” con anticipación y prepararme mejor para el golpe.

Puedo correr más para llegar a tiempo.

Puedo mantenerme más activo con los pies mientras espero a que lances una pelota.

Y tú, en tu trabajo, en tu familia, en tus relaciones personales, ¿qué puedes hacer para asumir responsabilidad y enfocarte en lo que podrías controlar en vez de gastar energía inútilmente tratando de controlar lo que está fuera de tu alcance?

 

 

 

 

 

 

 

La Paradoja del Éxito

No deja de sorprenderme como nuestra mente puede llegar a traicionarnos cuando sentimos la presión por alcanzar un resultado muy anhelado.

Puede ocurrir al llevar a cabo una presentación en público en la que queremos que nuestro mensaje llegue a la audiencia de forma impactante, al hacer un examen donde nos jugamos algo importante, o al acudir a la entrevista de trabajo de nuestros sueños. A menudo escuchamos frases como “me han traicionado los nervios” o “me he quedado en blanco”. ¿Qué ha pasado?

Quiero compartir contigo algunas reflexiones que podrían ayudarte a encontrar la respuesta a esta pregunta.

Tim Gallwey, en su libro “El Juego Interior del Estrés”, habla del triángulo “rendimiento-aprendizaje-disfrute”, haciendo alusión a los elementos que pueden influir a la hora de llevar a cabo cualquier actividad humana como podría ser trabajar o jugar un partido de tenis.

Este autor declara que los tres elementos son importantes y que es necesario un justo equilibrio entre ellos. Si sólo pensamos en el rendimiento es posible que no lo alcancemos paralizados por el miedo a fallar. Si ponemos el foco en aprender y disfrutar veremos cómo el rendimiento o resultado mejoran notablemente.

Rafael Nadal , en su libro “Mi Historia”, narra cómo en la final de Wimbledon de 2008 perdió el cuarto set del partido en el tiebreak, obligándole a jugar un quinto set que finalmente le otorgó aquella histórica victoria:

“Cuando saqué, ganando 5-2, tenía la impresión de tener el sueño de mi vida al alcance de la mano. Fue mi perdición.”

En aquella ocasión la tentación de pensar en el resultado le distrajo y los nervios le traicionaron perdiendo 10-8 en el tiebreak del cuarto set.

Otro enfoque relacionado con el resultado es el que plantea Vicente Cuairan, instructor de tenis especializado en entrenamiento mental de jugadores de competición. Vicente plantea que los resultados, o el éxito en determinados partidos de tenis, no debe ser la fuente de confianza para un jugador, sino más bien la certeza de que ante determinadas situaciones de juego, el jugador podrá encontrar la mejor solución para actuar y resolverla con éxito. Y esto se entrena dotándole de las herramientas adecuadas.

Rafael Nadal es un claro ejemplo en este sentido. En la reciente final del Open de Australia pudimos ver cómo Nadal encontró solución al sólido revés de Federer enviándole golpes esporádicos a su derecha forzando numerosos errores del suizo. Lamentablemente Nadal no pudo llevarse la victoria pero el partido tuvo que resolverse en cinco sets.

En mi vida, ¿qué importancia le doy a los resultados?

 

 

Me observo, me lidero

Me observo, me lidero

 

A menudo buscamos fuera de nosotros mismos la solución a un problema, la receta para mejorar o simplemente la forma de superar un obstáculo, cuando en realidad podemos obtener claves muy valiosas para superar estos retos observándonos a nosotros mismos. De esta forma evolucionamos y nos sentirnos más preparados para afrontar cualquier situación en el futuro.

 

En el tenis se ve esto de una forma muy clara. Un alumno es capaz de mejorar algún aspecto de su técnica simplemente a través de la observación y toma de conciencia. El entrenador le puede indicar en qué aspecto fijarse, por ejemplo, “dónde acaba tu raqueta después de golpear la bola” , y el alumno es más que probable que por el simple hecho de poner la atención en ese aspecto de su golpe, consiga evolucionar y mejorar la terminación mejorando así la técnica por sí mismo.

 

Para mí liderar consiste en “sacar lo mejor de otras personas para lograr un fin”. Pero , ¿ cómo me puedo liderar a mí mismo? .

A través de la autoobservación. Qué pienso, qué siento en determinada situación. Me convierto en un observador “imparcial” de mi mismo y tomo decisiones con toda la información que obtengo para experimentar y volver a observar.

 

Recuerdo el caso de un cliente en un proceso de coaching que se alteraba mucho en las reuniones de trabajo, queriendo muchas veces imponer su criterio. Un primer paso fue “observarse” a si mismo en esas reuniones y detectar cuál era su nivel de “tensión”. El sólo hecho de observarse le permitió estar mucho más tranquilo y descubrir la forma de “liderarse” en esas reuniones para lograr sus objetivos.

 

Tim Gallwey , en su libro “El juego interior del estrés”, recomienda una simple herramienta que resulta muy útil para liderarnos a nosotros mismos, la denomina STOP (son las siglas en inglés para “step back, think, organize, proceed”).

 

En resumen, lo que Tim Gallwey nos propone es que siempre que lo necesitemos, especialmente cuando vemos que la inercia propia o de una situación nos arrastra, hagamos un “alto” o “stop” que nos permita afrontar con más éxito la situación. Se divide en cuatro pasos:

 

  1. Retrocede, apártate de la situación, incluso físicamente si puedes: busca un lugar tranquilo tomando cierta distancia de la situación.
  2. Piensa: ¿qué estoy haciendo?, ¿qué quiero conseguir?, ¿para qué?, ¿cómo me siento?, etc.
  3. Organiza: con toda la información obtenida, ¿qué quiero hacer ahora?, ¿cómo lo voy a hacer?, ¿qué pasos voy a dar?, etc.
  4. Procede: vuelvo al lugar que había abandonado temporalmente para proceder con seguridad y buen ánimo, sabiendo lo que quiero hacer.

 

¿Siento en alguna ocasión que la vida o una situación me conducen a donde yo no quiero ir? Tengo la sensación de que no estoy haciendo lo que debo? Te invito a que hagas un STOP , grande o pequeño, que te permita tomar conciencia de la situación y actuar como tú quieres.

Serás más líder de ti mismo.

 

«Las reglas del juego» – Transparencia en nuestras relaciones –

El otro día estaba entrenando en un pista de tenis con un amigo y decidimos jugar un partido. Dado que se trataba de un partido amistoso, mi amigo sugirió que no cambiásemos de lado en los juegos impares, tal y como dictan las reglas del tenis.

En un principio me pareció razonable la propuesta, pero enseguida pensé en las consecuencias que podría tener “saltarnos la regla” y le dije que prefería cambiar de lado porque el sol podría tener alguna influencia en el juego.

No me hizo falta darle más explicaciones, enseguida asintió sin plantear ningún inconveniente, mostrándose convencido de que era mejor así.

Y lo era. Ambos nos íbamos a sentir mucho más cómodos a lo largo y después del partido. En caso de ganar o perder, en ningún caso podríamos achacar el resultado a una circunstancia externa como la influencia del sol, o restarle mérito al contrincante por haber ganado jugando con el sol a favor. La victoria sería clara, sin dar lugar a interpretaciones de ningún tipo.

Es sólo un ejemplo, pero nos puede servir para reflexionar sobre lo útiles que son en ocasiones las reglas, acuerdos o alianzas a la hora de coordinar actividades con otras personas.

Nos ayudan a crear el marco en el que se va a desarrollar la actividad, a tomar consciencia de lo que uno u otro espera y a ajustarnos a comportamientos consensuados entre todos, dejando menos espacio a malas interpretaciones o falsas expectativas.

Esta idea es aplicable a cualquier ámbito de nuestra vida.

¿Cómo serían las reuniones de trabajo si previamente se definieran las “reglas del juego” tales como duración, permisos para ausentarse, expectativas del que la convoca y expectativas de los asistentes, acuerdo sobre el propósito de la reunión, etc.?

¿Cómo podría mejorar la convivencia de una familia si le dedicara un rato a escribir una alianza o acuerdo que beneficiase a todos? Podría incluir tareas domésticas, fechas o tiempos para reunirse en familia, horarios de comidas, uso de los espacios comunes, etc.

¿Cuál es el precio que pagamos por no establecer estos acuerdos? ¿Frustración , desgaste emocional, pérdida de tiempo, ineficiencia, impotencia, distanciamiento…?

En las sesiones de coaching se utiliza la herramienta de la “alianza” con este mismo fin. Define la relación que el coach y el cliente van a tener con el objetivo de que ambos sepan a qué atenerse y puedan desarrollar la relación de coaching de forma eficiente y cumpliendo las expectativas de ambos.

¿Cómo están de definidas tus relaciones personales o laborales? ¿En qué te beneficiaría establecer acuerdos o alianzas?

 

Aquí y Ahora

Aquí y Ahora

Recuerdo que hace ya muchos años me impactó una escena de la película “El Club de los Poetas Muertos” donde un profesor de Universidad estimulaba a sus alumnos para que vivieran el presente a través de la expresión “Carpe Diem” (“aprovecha el momento”) . A día de hoy me sigue resultando apasionante vivir el “aquí y ahora”.

¿Y qué quiere decir esto? Para mí significa simplemente que me  siento  mejor, disfruto más y me sale mejor aquello que estoy haciendo si pongo plena atención en ello.

¿Quién suele boicotear este plácido estado para llenarnos de inquietudes futuras o problemas del pasado, impidiendo que disfrutemos del presente?
Nuestra mente.

En el tenis se puede experimentar de forma muy clara lo que estoy exponiendo. Jugando un partido, (el propio verbo indica que debería estar disfrutando) puede darse el caso de que experimente una cierta ansiedad por ganar el punto o ganar el partido. Mi mente me lleva al futuro incierto y me “saca” del presente. Resultado: mi juego se empobrece en todos los sentidos. ¿Qué puedo hacer? Puedo poner el foco en el punto que estoy jugando, en el presente. ¿Y cómo lo hago? Disfruta de cada golpe, siente como tu raqueta golpea la bola, toma consciencia de cómo tu cuerpo se mueve de forma armoniosa, pon tu atención en cualquier aspecto del juego y fíjala allí… Esto mismo lo puedes practicar con cualquier otra actividad, en el trabajo durante una reunión o practicando cualquier otro deporte. Al poner “atención plena” pasamos de “pensar lo que estamos haciendo” a “sentir lo que estamos haciendo”. Te invito a experimentar  el “aquí y el ahora”! Todo se puede entrenar.

Aquí puedes ver el fragmento de la película a la que he hecho alusión.

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